¡Ataca Perico!
Mes de Julio. En algún lugar de Francia el asfalto se mece con el cielo abrasador. La serpiente multicolor hecha pedazos meandra por las laderas a ritmos diferentes. La muchedumbre asalta casi en plenitud con gritos de aliento el trazado que marca el ascenso hacia la cumbre de la victoria. A duras penas se vislumbra un grupeto de elegidos. El vestido de amarillo aguarda en la cola.
De repente, un aficionado le tira agua. Él le mira, y siente un impulso irrefrenable en todo su cuerpo. Sus músculos responden al unísono a un estímulo que viene de lo más profundo de su ser. El corazón se prepara para bombardear sangre a borbotones. Delante de él sólo queda espacio y pendiente para la gloria o la derrota. Es el actor protagonista en el escenario de sus sueños. Es el momento.... ¡ATACA PERICO!
¡Ataca Perico! El grito de estas palabras nos despertaba de la siesta vacacional de muchos españoles dormitando delante del televisor en los años ochenta y principios de los noventa. Nos poníamos como un resorte atentos a la pequeña pantalla plenos de entusiasmo e ilusión sabiendo a ciencia cierta que nos encontraríamos con un final feliz pleno de esfuerzo, sacrificio y espíritu de ciclismo que reflejaba su pedalear impetuoso, constante y poderoso en el ascenso a la cumbre.
 Pedro Delgado nació un día de 1960 en Segovia. A los 23 años, y después de una fructífera existencia por el mundo del ciclismo amateur, apareció con el equipo Reynolds en el Tour de Francia como jefe de filas de Angel Arroyo. Después de los Pirineos se colocaba con gran sorpresa segundo en la General, situación que dejaría muy a pesar suyo por una "pájara". El Tour le daba la bienvenida.
Decidido a hacer historia en "La Grand Boucle", volvió al año siguiente para sufrir una caída descendiendo Morzine con fractura de clavícula incluída. Parecía que todo le estaba negado en esta carrera. Pero él sabía que se dejaba querer por la gloria.
Sus grandes momentos de Espíritu de Ciclismo
En el 85 en la 18ª etapa de la Vuelta a España que terminaba en las destilerías DYC (Segovia) Perico se aventuró con Recio a una aventura calculada y con pocos visos de éxito. Jamás en el ciclismo moderno se consiguió una gesta como la del segoviano de remontar más de 5 minutos en las últimas etapas para ganar una vuelta grande. Jugaba en casa, pero está claro que sólo él podía hacerlo.
En el Tour del 87, y, sabedor que le quedaba una sóla oportunidad para alcanzar el Olimpo, atacó en La Plagne a Roche impulsivamente, haciendo un esfuerzo descomunal que sirvió para poco en ese año. Pero sembró para el siguiente.
El Gavia le hizo sufrir. Ésa etapa dantesca del Giro del 88 que pasará a la historia como la más dura la vivió y la palpó en sus carnes. Sabía que era necesario pasar por el infierno para su gran reto del año y de su vida: Izar la bandera de España en los Campos Elíseos de París.
En el Tour del 88, a pesar de saber que era el dominador de la carrera, y, a excepción de la etapa del Puy de Dôme, atacó siempre donde intuía un repecho al final de las etapas de alta montaña para dejar a sus posibles rivales (que no los tuvo) fuera de combate física y moralmente. Con cada una de sus pedaladas pendiente arriba sabía que sus sueños se iban a hacer realidad, que haría historia... ¡Lo consiguió! A pesar de las normas extemporáneas y los defectos de forma de dirigentes anómalos. Ése año la siesta de algunos despistados fué interrumpida en numerosas ocasiones por el grito de guerra de ése verano: ¡Ataca Perico!
 Su relación con la carrera más importante no terminó en divorcio, sino que siguió siendo la de un matrimonio reñido pero muy querido. Sus 2 minutos y 40 segundos que perdió en la prólogo del 89 siguió siendo una de las consecuencias de su "dar-el-todo-por-el-todo" en el mes de Julio. Sabía que estaba en forma y en disposición de confirmar su liderazgo, pero esa superioridad se le volvió contra él. El cartero para Perico en el Tour no llama dos veces al querer llegar justo para tomar la salida y concentrarse consigo mismo. Le faltó Espíritu de Ciclismo en la crono por equipos, donde se desfondó, pero lo volvió a recuperar con el viento del verano en esa fantástica escapada con Mottet. Pero ya era tarde. El Tour no perdona. Un despiste, una pájara, el fallecimiento de su madre o una caída inoportuna entran en los parámetros que definen la suerte de entrar en la Historia.
Mención especial merece su etapa de los Lagos de Covadonga, no la que ganó, sino la última antes de retirarse, en donde atacó un sinfín de veces acogiéndose a las fuerzas que le daba alguien espiritual, a pesar de que sus piernas no reconocían el momento que sí lo hacía su corazón.
Sus grandes momentos no lo olvidarán los aficionados al deporte más duro. Quiso dejar paso a otra estrella navarra más fuerte, pero no con su mismo espíritu. Simplemente era un ser superior.
Su decálogo:
1.- La cabeza me hace ganar, pero cuando ésta falla me quedan las piernas.
2.- ¡Atacar por atacar!
3.- Miro a mis rivales y les veo "cargados". Yo voy bien, aunque no sé lo que pueda pasar. Lo tengo claro: ¡Ataco!
4.- El Tour me hace sufrir una vez, y otra vez, y otra vez... Pero le quiero como si le hubiera parido.
5.- ¿Es el momento? La cabeza me dice que no, Echávarri me dice que no, pero yo ... ¡quiero demarrar!
6.- Si no quedo el primero, me da igual ser el último, pero tengo que hacer algo.
7.- Tengo muchos kilómetros por delante... ¿En qué puerto atacaré?
8.- Soy el líder del equipo. Sólo alguien mejor que yo podrá hacer que trabaje para él.
9.- Ganar el Tour es como tocar el cielo.
10.- Seguiré pedaleando hasta que muera.
Perico, Espíritu de Ciclismo
"¡¡¡Ataca Perico!!! "
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